(Han Sang-jin) Más allá de las críticas de «fábrica»: BTS y Hybe

(Han Sang-jin) Más allá de las críticas de «fábrica»: BTS y Hybe

La cobertura reciente de un medio de comunicación global ha reavivado una crítica popular al K-pop: que opera como un «sistema de producción en masa similar a una fábrica» ​​impulsado por la disciplina, la jerarquía y la capacitación estrictamente controlada.

La crítica no es infundada. Refleja las tensiones estructurales reales de la industria. Sin embargo, al final, malinterpreta lo que es más significativo sobre el ascenso global de BTS y Hybe.

La cuestión no es si el sistema existe o no. La pregunta es cómo lo entendemos.

Describir el K-pop principalmente como «producción en fábrica» ​​es ver sólo su superficie: su organización, repetición y control visibles. Se centra en una transformación más profunda: la creación de un sistema de producción cultural basado en el conocimiento. Lo que externamente aparece como estandarización, internamente puede funcionar como un método para organizar, refinar y escalar la creatividad.

Un marco más apropiado para comprender esta transformación se puede encontrar en el concepto de «nuevo intelectual» propuesto por Kim Dae-jung el 3 de febrero de 1999 en la Convención Nacional para la Reconstrucción de Corea. Kim argumentó que la competitividad futura de Corea dependería no sólo de la mano de obra o el capital, sino de la capacidad de crear y aplicar nuevos conocimientos. El «nuevo intelectual» no es un simple portador de información, sino un creador de valor a través de la innovación, el conocimiento práctico y el aprendizaje continuo.

Visto desde esta perspectiva, es mejor entender a BTS y Hybe no como fábricas culturales, sino como nuevas plataformas intelectuales.

Esta afirmación se basa en la lógica interna del propio sistema. En una columna reciente para un diario local, Isaac Lee de HybeAmerica describió recientemente el modelo de la compañía como un sistema «sincronizado» que integra el desarrollo de artistas, la producción musical, la coreografía, el marketing y la participación de los fans en un marco consistente y repetible. También enfatizó que este modelo se puede adaptar a diferentes mercados culturales.

Éste no es el lenguaje de la reproducción mecánica. Es el lenguaje de la metodología, una forma transferible y en evolución de conocimiento creativo. Lo que se sistematiza no es sólo el trabajo, sino el proceso mediante el cual se crea, prueba y difunde la creatividad.

La evolución de BTS proporciona la evidencia más clara. A menudo tratado como un producto del sistema K-pop, BTS representa la forma más avanzada del sistema. Los medios de comunicación han informado que la última transición del grupo, descrita como «BTS 2.0», refleja un esfuerzo deliberado por ir más allá de las fórmulas anteriores. Se han reconsiderado los estilos de interpretación, se ha reducido selectivamente la coreografía y se ha enfatizado más la identidad musical.

Esto es más que un simple ajuste. Es reflexividad en acción.

El sistema aquí no se repite; está reexaminando y revisando deliberadamente sus principios. Esta autotransformación es precisamente lo que prevé el concepto de nuevo intelectual de Kim Dae-jung: la capacidad no sólo de aplicar los métodos existentes, sino también de reconstruirlos en nuevas condiciones históricas.

La tecnología digital profundiza aún más esta transformación. Plataformas como Weverse, combinadas con traducción basada en inteligencia artificial, crean un circuito de retroalimentación continua entre artistas y audiencias globales. La producción cultural se vuelve interactiva y adaptable, moldeada por una comunicación continua en lugar de una entrega unidireccional.

La actuación final de Gwanghwamun muestra este cambio a nivel simbólico. Al organizar un evento global en el corazón histórico de Seúl, que conecta el patrimonio cultural, la identidad nacional y la circulación de medios digitales, BTS y Hybe crearon no solo una actuación, sino una capa narrativa cultural. Integraba memoria, identidad y tecnología en un único espacio comunicativo.

Desde este punto de vista, la conocida oposición entre «producción fabril» y «verdadero arte» resulta demasiado cruda. Asume que la organización y la creatividad son mutuamente excluyentes. Sin embargo, la producción cultural contemporánea muestra que la creatividad puede institucionalizarse, coordinarse y ampliarse sin extinguirse.

La verdadera pregunta, entonces, no es si el K-pop está organizado, sino qué tipo de organización representa.

Un sistema rígido puede sofocar la creatividad. Pero un sistema reflexivo –capaz de aprender, adaptarse y autotransformarse– puede funcionar como plataforma para la expansión. BTS y Hybe sugieren que la industria cultural coreana ha avanzado decisivamente en esta dirección.

Esto no significa que deban ignorarse las críticas. Las cuestiones de intensidad laboral, control administrativo y desigualdad siguen siendo importantes y merecen un estudio continuo. Pero reducir el K-pop a una «fábrica» ​​es perder su dimensión más innovadora.

Entonces, ¿qué es una nueva plataforma intelectual? Es un sistema en el que el conocimiento, la creatividad y la tecnología no son elementos separados, sino activamente integrados y constantemente recombinados. Es una plataforma que cultiva la capacidad de crear nuevos valores, organizando la creatividad en un entorno reflexivo y globalmente conectado. Básicamente, es una infraestructura social y cultural para la producción de innovación.

En este sentido, el éxito de BTS no es una excepción al sistema; es una prueba de en qué se ha convertido el sistema.

Han Sang-jin

Han Sang-jin es profesor emérito de Sociología en la Universidad Nacional de Seúl. Las opiniones aquí expresadas son las del autor. —Ed.

khnews@heraldcorp.com